AFRIKAN MURGILTZEN

No hay educación antirracista sin lxs queer
por Rioko Fotabon

La educación antiracista es, sin duda, una necesidad urgente en España. Una educación que se comprometa con la abolición de los parámetros de la supremacía blanca, que se responsabilice con los procesos de racialización y las lógicas de racismo institucional que siguen poniendo ciertos cuerpos por encima de otros. Es urgente un compromiso educativo donde lo teórico se entrecruce con los sentimientos y militancias políticas, escapando de la ilusión de objetividad blanca, teniendo en cuenta la línea de lo abrazado por autoras como Patricia Hill Collins o bell hooks. Como decía poéticamente Gloria Anzaldúa (2021), algo que nazca de reconocer que muches vivimos siendo el campo de batalla, una extraña, una herida, resistiendo y siendo un cruce de caminos. Para ello, no podemos olvidarnos tampoco de las lógicas que masculinizan el conocimiento y los epistemicidios que han hecho del binarismo la norma en la mayoría de territorios actualmente.

A continuación, presento un breve texto que refleja las contribuciones de autoras que cuestionan el régimen cisgenérico desde una perspectiva que centra, al mismo tiempo, lo racial.

OYERONKE OYEWUMI ES UNA DE LAS AUTORAS AFRICANAS, ESPECÍFICAMENTE DEL TERRITORIO ACTUALMENTE CONOCIDO COMO NIGERIA, QUE MÁS HA APORTADO A IDENTIFICAR POR QUÉ EL BIOLOGICISMO Y EL BINARISMO DE GÉNERO SON CONSTRUCCIONES COLONIALES. SU TRABAJO SE CENTRA EN EL PUEBLO YORUBA: “LA CATEGORÍA “MUJER” -QUE ES FUNDAMENTAL EN LOS DISCURSOS OCCIDENTALES SOBRE EL GÉNEROSIMPLEMENTE NO EXISTÍA EN TIERRA YORUBA ANTES DE SU CONTACTO CONTINUADO CON OCCIDENTE. NO HABÍA NINGÚN GRUPO PREEXISTENTE CARACTERIZADO POR INTERESES, DESEOS O POSICIÓN SOCIAL COMPARTIDOS.

La lógica cultural de las categorías sociales occidentales se basa en una ideología de determinismo biológico: la concepción de que la biología proporciona lo racional para la organización del mundo social. Así, esta lógica cultural es en realidad una “bio-lógica”. Categorías como la de “mujer” se basan en el tipo de cuerpo y se elaboran en relación y oposición a otra categoría: el hombre; la presencia o ausencia de ciertos órganos determina la posición social.” (Oyewumi, 1997, p. ix-x) Cuestiona así la idea de que el género como categoría que ordena la sociedad ha existido en todo territorio históricamente, de hecho pone sobre la mesa que la subordinación de las mujeres en la sociedad Yoruba fue una importación europea dado que “en la sociedad precolonial Yoruba, el tipo de cuerpo no era la base de la jerarquía social: los hombres y las mujeres no se clasificaban según la distinción anatómica” (Oyewumi, 1997, p. xii). Reivindica la necesidad de crear categorías analíticas que no se originen en Europa o Estados Unidos para superar la alienación producida por ellas. Reclama, además, la desnaturalización del género. Se necesita aceptar, especialmente en los movimientos feministas hegemónicos, que el género es un constructo social variable en diferentes culturas:

Debemos reconocer además que si el género es una construcción social, entonces hubo un tiempo específico (en diferentes emplazamientos culturales/ arquitectónicos) en el que se “construyó” y, por tanto, un tiempo anterior en el que no. Así pues, siendo el género una construcción social, es lógico suponer que en algunas sociedades la construcción del género no tenía por qué haber existido en absoluto” (Oyewumi 1997, p.10).

A Oyeronke se suman autoras que cuestionan la heterosexualidad como institución política y obligatoria que sostiene el sistema sexo-género (Miñoso,2007; Curiel, 2011). Denuncian que las identidades fuera de la norma existen como contención, como recordatorio de la superioridad de unxs y subordinación fija de otrxs, “una es lesbiana u homosexual en la medida en que no es heterosexual” (Miñoso,2007, p.44). Se reivindica lo lésbico ante la primacía de la heterosexualidad en los espacios de feminismo tanto académicos como activistas, se nombra el deseo como una cuestión que no es solamente personal, sino construida. Además, Miñoso (2017) realiza una crítica a las políticas de reconocimiento de la diversidad sexual que han sido despojadas de un análisis de las opresiones interconectadas y se han vuelto “una agenda internacional light” (Miñoso,2007, p.135) basada en la idea de tolerancia. Es decir, se ha dejado de nombrar que el régimen heterosexual atraviesa todas las decisiones, así como las relaciones sociales que se toman en una nación (Curiel, 2011).

LAS IDENTIDADES TRANS HAN SIDO EXPULSADAS A LOS MÁRGENES DEBIDO A LA CENTRALIZACIÓN DE LA CISGENERIDAD COMO NORMA. De hecho, en múltiples contextos y momentos históricos, se ha categorizado a las personas trans como peligrosas o psicológicamente enfermas (Arjonilla & Méndez, 2015). En territorio español, durante la época franquista, se acusaba al colectivo trans de suponer un escándalo público. Aún con ello, han estado siempre presentes en primera línea de las luchas por la liberación queer (Arjonilla & Méndez, 2015). No ha sido hasta años recientes que se ha despatologizado la identidad trans en el contexto español con leyes históricas, que han supuesto resistencias ejemplares pero también violentos señalamientos que continúan (Valdés, 2023).

Incorporando las realidades descritas en el párrafo anterior, Alanis Bello Ramírez (2018) trabaja por crear una perspectiva educativa travesti, popular y transformadora. Es necesario dado que la pedagogía como disciplina “se encuentra ligada de manera inexorable a la regulación de los cuerpos, el control de los deseos y el modelamiento de esquemas de subjetivación” (Ramírez, 2018, p.105). Dicha regulación hace que los cuerpos trans no estén autorizados a ser parte del día a día pues no entran dentro de la normalidad y que sus vidas se encuentren en constante riesgo por haber transgredido la coherencia sexo-génerodeseo (Ramirez, 2018). Los espacios educativos deben dejar de reforzar la marginalización latente. Por ello, la autora reclama que se reconozca a las personas trans como sujetos de conocimiento y agentes pedagógicos válidos sin caer en los modelos de ciudadanía neoliberales asimilacionistas de la diversidad:

“Porque nuestro deseo no es alcanzar la respetabilidad, sino demoler las jerarquías que ordenan a las identidades, y a las y los sujetos, reconociéndonos negras, putas, palestinas, revolucionarias, indígenas, gordas, presas, drogonas, exhibicionistas, piqueteras, villeras, lesbianas, mujeres y travas que, aunque no tengamos la capacidad de parir un hijo, sí tenemos el coraje necesario para engendrar otra historia” (Berkins, 2006, p.227)

 

 

La transpedagogía es poética y sanadora, supone abrir espacios de colectividad para compartir las heridas que produce no habitar la norma en sus diferentes ejes (raza, clase, género, capacidades…). Supone expandir las prácticas para poder abrazar otras maneras de vida como legítimas e importantes; arrancando la idea de natural en cuanto a la definición de los cuerpos y hablando, en vez de ello, de poder y disputa (Ramírez, 2018). También tiene que ver con nombrar y dejar de escudarse en discursos conservadores como los de las iglesias, que dicen defender los derechos del niñx, para no hablar de género y sexualidad. Pues el género en sí mismo puede constituir una forma de violencia. Ramírez (2018) comparte:

“No pienso la transpedagogía como un manual ni un corpus coherente y homogéneo de contenidos, sino como un conjunto de reglas y dinámicas metodológicas útiles para leer, pensar e implicarse en la vida diaria. Significa acciones y no actores; no es indispensable ser marica, trans o lesbiana para operar la transpedagogía; es una orientación ética que puede ser encarnada por cualquiera y que implica oponerse a la reproducción de las normas heterosexuales en el aula y empeñarse en la producción creativa de alternativas para historizar y desnaturalizar lo normal y lo normativo. Implica dejar de ver la sexualidad como un problema educativo y considerarla un lugar para estimular la curiosidad, desestabilizar las identidades fijas y fomentar el placer y la libertad.” (p. 116)

En conclusión, no podremos lograr espacios educativos antirracistas si no hacemos un ejercicio de memoria larga donde rescatemos toda la magia identitaria comunitaria poscolonial. Este esfuerzo no tiene que ver solo con algo racial, también se relaciona con el género y las formas de encontrarnos/ compartirnos con el mundo y con otres.

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